Por Andressa Curry Messer, ayudante-doctorante en el IUKB
El 20 de septiembre de 1993, la Asamblea general de la ONU adoptaba la resolución 47/237 que establecía el 15 de mayo de cada año como siendo la Jornada internacional de las familias. Es la ocasión de celebrar todas las familias del mundo y de reflexionar sobre las cuestiones sociales, económicas, culturales y medioambientales actuales que les afectan.
La familia ocupa un lugar preponderante en las leyes nacionales de múltiples países así como en numerosos tratados internacionales. Las políticas públicas, los programas gubernamentales, la sociedad civil y las ONGs internacionales le reservan también un lugar importante en las acciones que realizan. Para las distintas religiones o comunidades espirituales, la familia es sagrada. Pero, de hecho, ¿qué es la familia? ¿Un hombre casado con una mujer con la que tiene hijos? Este modelo natural y tradicional ha sido durante mucho tiempo la referencia del concepto de la familia en casi todas las culturas. Todavía lo es hoy, aunque ya no es el solo, ya que la realidad nos muestra que la familia tiene también otros perfiles. Las razones son múltiples: viudedad, separación, divorcio, abandono, matrimonio homosexual, emancipación femenina, recomposición familiar, concepción artificial, etc.
En la forma, el concepto "familia" es bastante extenso y complejo con repercusiones muy diferentes a nivel jurídico, social, económico y cultural. En el fondo, nos parece posible poder afirmar que la familia, sea cual sea su constitución, se mantiene invariable. Me refiero a su esencia vital, es decir al deseo de establecer vínculos permanentes, de sentirse valorizado y en seguridad en un clan familiar, de amar y de sentirse amado o simplemente de ser feliz y estar en armonía con sus seres queridos. Estos son sentimientos que cada ser humano tiene desde su nacimiento. Es cierto que hay excepciones en todo, aunque aquí me aparecen sobre todo la afección, la solidaridad, el respeto, los valores y los vínculos comunes que buscamos tener en una familia, bien sea tradicional, recompuesta o moderna. Son principios fundamentales para el desarrollo de los niños y para el equilibrio de cada uno de los miembros de la familia.
Sin embargo, la falta de recursos financieros, temporales y espirituales aparece a menudo en el seno de las familias como un factor de desintegración o de alejamiento de unos con los otros. Si no hay dinero, no hay tiempo, ni cariño. Estos son los tres pequeños ingredientes que merecen, el 15 de mayo, ser puestos en el centro de la reflexión de los Estados, de la sociedad civil, de la Iglesia, de la escuela y de las familias. ¿Qué se puede hacer para que las familias puedan salir del estado de miseria y de pobreza en el que muchas de ellas se encuentran, y vivir dignamente? ¿Cómo podrían los padres encontrar tiempo y el placer de compartirlo para pasarlo con sus hijos? Y, en fin, ¿cómo no tener miedo de ser cariñoso con los niños, los padres y todo el entorno familiar, sin que la ternura no sea comprendida como una libertad absoluta sin límites al respeto de cada uno?
Espero que la Jornada internacional de las familias 2012 sea un día de alegría, de fiesta, de sensibilización, de reflexión y aporte de elementos de respuesta a los numerosos problemas que afectan a las distintas familias en el mundo. Deseo, sobretodo, que sea una jornada de recordatorio de la importancia del amor y del respeto cuotidiano entre todos los seres humanos ya que la familia humana no es más que una, para siempre.
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